Las Aventuras de Pepe y Jack
Libro 1: Un fuerte en la pradera
Episodio 1: La Epopeya
- Capítulo 1: El huevo del bosque, primera parte y segunda parte. Aquí se narra el origen de Pepe y se cuenta sobre el pueblo de los Popepinos.
- Capítulo 2: El éxodo de Ormus, cuenta la historia del padre de Jack y su dramática huida de la guerra en Llahoweend.
- Capítulo 3: El trato macabro, primera parte y segunda parte. Aquí conocemos al macabro Higui, sus orígenes, naturaleza y cómo es que llega a la Abeoiú para alborotar a todos.
- Capítulo 4: La "Reapertura Monumental Hecatómbica", primera parte, cuenta sobre el deterioro del circo de Higui y cómo debe retirarse del mundo del espectáculo.
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Aún así, no fue fácil para él frenar su instinto criminal, así que aprovecharía toda oportunidad que se le presentase en donde fuera absolutamente necesario actuar a su personal modo. Y esa oportunidad, para su apreciada delectación, llegó un día.
Un sonido triste se oyó en la ciudad. Notas taciturnas entonadas por una voz híbrida, sin edad ni sexo. Higui quedó extasiado al oírla, pero no podía saber de dónde provenía el canto. El sólo escuchar esa voz lo calmaba, como una canción de cuna a un niño o como una melodía amansando una fiera. Todos los días volvía a repetirse el canto que llegaba en efluvios hasta las alcantarillas y las cañerías amplificaban el sonido en ecos que sonaban como un coro mágico. Higui, intrigado, comenzó a buscar la fuente de esa maravillosa y melancólica música.
—En el quinto piso de ese edificio. Creo que toma clases. Conozco alguien que vive allí, usualmente compra aquí algunas frutas. Pero dudo que sea ella quien canta, porque su voz es tan quebrada y vieja como los años que tiene. —dijo la anciana Andorra, que era la misma que en otra oportunidad había quebrado en llanto al oír el convincente discurso del Atroz.
—Usted tampoco está muy agraciada por la edad ¡ehh! ¡Gué, gué! — para cuado Andorra reconoció que hablaba con Higui, ya se había marchado a grandes zancadas hacia el edificio de la extraña voz.
—¿Así que usted se ofrece como profesor del pequeño Rot?— dijo la institutriz con un gesto antipático y pedante —¿Acaso piensa que yo no estoy haciendo bien mi trabajo? Llevo años enseñando y criando a este niño, desde antes de que sus padres murieran. No creo que necesite un profesor de canto. Además… usted parece un payaso.
Higui solía salirse de sus cabales cada vez que alguien se refería a él como “payaso” de un modo despectivo. Pero en esta oportunidad se contuvo, porque quería conocer al pequeño Rot. “Buena letra, buena letra” se dijo para sí; tragó una saliva rancia y luego habló.
—Señorita…
—Tutesa.
—Tutesa… hermoso nombre. Señorita, entiendo que usted cría y educa a ese niño, gué. Pero considero que su prodigiosa voz necesita de otro profesor, ¿eh? ¿Me comprende? —y en ese momento sintió ganas de empujar a la vieja por la ventana del quinto piso. Pero no lo hizo. Las palabras corteses cayeron muy bien en oídos de una reblandecida dama como Tutesa, y sin mayores miramientos contrató al histrión para que educara al niño en las artes de la entonación y la armonía.
Rot era un niño, y no una niña como hubiera imaginado Higui en un principio. Tenía un aspecto delicado, sus modos eran sensibles y sus movimientos lentos y calculados. Recordaba vagamente a Cachimbo, su afectado amante. ¿Acaso la imagen de esa criatura en sus brazos no se le borraría nunca de su mente?
Rot era un niño frágil, y a Higui le dio la sensación de que en cualquier momento podría romperse, como una tetera de porcelana antigua. Rot era tan redondo y frágil como una tetera antigua. Joven y suave, sus cortos cabellos cual terciopelo azabache cortaban abruptamente la palidez de su piel blanda. Vestía ropas de fina seda de la lejana región de Faracard y encajes exquisitos hechos a mano por hábiles artesanos de Fararad.
Higui iba todos los días a la casa del niño. Tutesa desconfió de él en un principio, pues le habían comentado que era Higui Higor, el dueño del circo clausurado por falta de higiene y del cual existían sospechas de asesinatos de menores. Tutesa jamás había oído hablar de Higui, y Rot nunca había ido al circo. En realidad —pronto Higui descubrió—, nunca había salido de su departamento del quinto piso. Tutesa cuidaba mucho su salud y evitaba que tuviera contacto con cualquier cosa. “Jamás toques al niño” le había advertido en muchas oportunidades a Higui “puedes lastimarlo o herirlo de gravedad”. Pero con el tiempo, Tutesa confió más en el fantochesco profesor, porque veía que era realmente bueno, y Rot había progresado con él de un modo fantástico. Tutesa, muy a su pesar, ya no tendría que usar más sus smails.
—Pequeño. Con vos yo reabriré mi glorioso circo —le decía Higui en secreto—. Yo efectuaré una… “Reapertura Monumental Hecatómbica” ¡Sí! Suenabien. Vos cantarás y la gente volverá a mí. ¿Por qué esa cara? ¿Osaca no quieres cantar en público? ¿He, gué? ¿Te da vergüencita?
—No… es que yo... yo no puedo salir de aquí —dijo triste Rot y sus redondos ojos se asemejaron a dos espejos—. Nana dice que si dejo esta casa, puedo morir. Además, ella es mi profesora de canto. Ella dice que necesito practicar mucho, y que el smails me hará cantar bien.
—¿Eh? ¿El smail? Yo nontentiendo.
Rot hablaba en voz baja para evitar que Tutesa lo oyera. Era la primera vez que Rot tenía a alguien a quién hablarle y que no fuera el viento, o la luna.
—Ella… cuando no canto como le gusta, con una mitad de smail… con esa fruta ácida, horrible… —Rot comenzó a llorar. Tenía una facilidad increíble para llorar. Sus sentimientos parecían estar siempre a flor de piel y ante la menor brisa, se activaban.
—Decime nene, ¿qué te hace con la mitad de la fruta? —dijo Higui mientras un odio iba subiendo hasta su cabeza y allí tomaba cada vez más temperatura.
—Me restriega las encías de mis dientes, hasta que se tornan de un color blanquecino, y me duelen mucho. Y no canto mejor, entonces… entonces continúa haciéndolo, y su cara se pone tensa, y sus ojos se escapan de sus cuencas, y… —Rot le dio la espalda a Higui. Ya no podía seguir hablando más.
Era muy extraño. Rot le había causado ternura, era el primer y único niño que no despertaba su instinto de maltratar o de herir. Ni siquiera su propia hija, mucho más pequeña que Rot lo había conmovido o al menos le había despertado una pizca de misericordia. Y entonces, se encontraba con Tutesa, que hacía algo atroz en el niño, la primera vez que alguien hacía algo atroz a alguien antes que él mismo, y él estaba allí parado, escuchando a la víctima de sus actos intentando unir las ideas.
—Tu nana te dijo que si dejabas esta casa, podías morirte ¿no? —dijo Higui finalmente—. Bueno… veamos qué le va a ocurrir a ella si sigue haciéndote el jueguito del smail…
Higui enfurecido y conmovido por el niño, planeó junto con Rot una muerte lenta y siniestra para Tutesa. Y la llevaron a cabo de un modo tan indescriptiblemente horrible, tortuoso y extenso de narrar que no viene a cuento contarlo aquí, pero que quedó grabado con fuego en la mente del pequeño Rot. Higui supo entonces que el niño estaba listo para formar parte de su Nuevo circo, y que sería uno de los integrantes claves para su “Reapertura Monumental Hecatómbica”.
Los padres de Rot habían tenido un muy buen pasar económico, y ahora sin Tutesa como administradora de sus riquezas, Rot de tan sólo seis años era uno de los cabeza de bola más ricos de toda la ciudad. Exceptuando lógicamente a Ars Yes en primer lugar y al mismo Gus Gus en segundo. Higui se convirtió entonces en su administrador personal y en poco tiempo Gus Gus permitió que el circo reabriera sus puertas. “Aquí no ha pasado nada” le dijo Gus Gus a Higui, pero Higui se limitó a sonreírle. “Yonomeolvido” pensó, y luego se marchó.
En los periódicos locales los titulares decían: “Asesino de niños en el circo fue atrapado y llevado a Lacar para ejecutarlo”. Otros, menos imparciales, afirmaban: “Higui, el buen payaso, reabre con pompa su circo en la nueva ¡REAPERTURA MONUMENTAL HECATOMBICA! que NADIE debe perderse”.
Si Higui apreciaba a Rot por su melancólica voz y su pasado funesto con Tutesa, ahora se sentía más agradecido que nunca. Gracias a él había recuperado su circo, su nombre estaba limpio y su prestigio mejor que nunca.
Debieron hacerse muchas reformas y remodelaciones. Durante el tiempo en el que el circo y el parque de diversiones permanecieron cerrados, todo se había convertido en un basural y poca cosa podía rescatarse. Los juegos oxidados, las lonas de las carpas rotas, muchísimos problemas técnicos, las instalaciones eléctricas defectuosas, un sinnúmero de arreglos que Rot estaba dispuesto a financiar con su dinero con el fin de disfrutar del circo que nunca había podido disfrutar por culpa de su nana.
Rot se había convertido en su hijo del alma. Higui lo había salvado de Tutesa y le había mostrado que existía un mundo mejor: su Circo. La ilusión del pequeño pronto se haría realidad cuando debutara en el escenario de la Carpa Mayor, frente a cientos de ansiosos espectadores.
Higui y Rot mantenían largas conversaciones nocturnas en donde le contaba a Higui de las maravillas que había leído en las grandes obras clásicas literarias de los más célebres escritores de la isla Abeoiú. Así, el payaso tenebroso se enteró de la existencia de muchas criaturas maravillosas que ignoraba por completo. Como Rot jamás salía de su casa, no tenía otra opción que leer relatos e historias de otras tierras, y soñar con algún día conocerlas. Fue en ese momento que Higui tuvo una de sus brillantes ideas, de esas que cada mucho tiempo llegan.
—Puedo yo crear una feria de rarezas mías para aumentar así los prodigios de mi show y yo hacer más espectacular mi “Reapertura Monumental Hecatómbica”. ¡Ye Gué gué! ¡Contame más a mí sobre las cosas raras que hay en esta isla con forma de mina!
Lleno de emoción Higui abandonó la ciudad y viajó hacia el sur en busca de las extrañas criaturas descritas por Rot para ampliar sus prodigios. ¡Una jaula llena de bichos raros! ¿Quién querría perderse eso? En los circos de Raycrock no era usual que hubiera exóticas criaturas. La diversión consistía en el desempeño y el talento de sus artistas. Sin embargo, Higui había cometido un error al montar su circo como lo hubiera echo en su isla natal: Los habitantes de la Abeoiú eran diferentes y por lo tanto, así debían ser los nuevos show que Higui mostraría en su ¡Reapertura Monumental Hecatómbica!
Llegó así al Bosque Encantado, apenas unas semanas antes del estreno. Estaba seguro que encontraría lo que tanto había deseado. Al pisar el suelo húmedo de hojas muertas y respirar el característico olor de las plantas y árboles, Higui se sintió como en su casa. En Raycrock había un bosque parecido a este, sólo que en él no vivía ningún pueblo ina. Extensas y agitadas fueron sus correrías buscando lo que no encontraba. Nadie sabía con exactitud el lugar del pueblo ina. Pero Higui era testarudo y perseverante; si había resistido no acribillar a ningún niño hasta ahora, no podía abatirse en encontrar algo pequeño en el bosque.
Luego de muchos intentos fallidos, encontró en un recodo que conducía a un bello claro con un luminoso lago de cristales, el glorioso pueblo de las pequeñas y mágicas inas, las criaturillas del Bosque Encantado que no habían sido vistas por ojos mortales desde tiempos inmemoriales.
Permaneció en un rincón, agazapado, observando atentamente a una de ellas, que volaba grácil entre las enormes hojas y ramas. El burlesco decidió capturar a Putina, una de las inas más bellas y exuberantes, al grito de —¡Está buena esa, eh, gué! — pero Putina logró escapar agitando velozmente sus delicadas alas y se escondió tras las hojas de un arbusto dispersando en el aire un polvo dorado que parecía haberse desprendido de sus alas. Higui frustrado por no haberse hecho de la sensual y voluptuosa ina y cuando estaba a punto de volver a su circo en la ciudad, oyó unos sonidos. ¡Era Granadina! una hermosa ina que estaba distraídamente extrayendo las mieles de los árboles para los Festines Ina, tal era su especialidad. Higui sigiloso se acercó por su diminuta espalda desnuda y de un rápido manotazo atrapó a la indefensa criatura, pero procuró no apretar sus dedos para no asfixiarla o herirla. Volvió rápidamente a tierra conocida a zancadas el donoso radiante por el desfalco aciago.
Higui colocó a la criaturilla dentro de una inmensa jaula y enseguida la ina se perdió de la vista. Allí estaba, en un rincón contra uno de los ángulos de la jaula, temblando de miedo y de frío, ¿quién podría saber lo que sentía una ina? Era imposible que alguien pudiera hablar con ese animalillo, o al menos eso pensó Higui. Un payaso preguntó si sobreviviría para el estreno, pero Higui pareció no escucharlo. Rot le había contado que era un escarnio atrapar a las inas del bosque, y que grandes desgracias podían caer sobre el captor, pero eran sólo leyendas de Wisislam. “Lo único que yo espero es que vuele, gué” se lo oyó bufar por los pasillos mientras colgaba una escopeta que no había usado. La jaula se veía pobre con algo tan pequeño dentro, pero pronto Higui se encargaría de engordar el botín.
No contento con atrapar una ina, regresó a sus andanzas. Le gustaba que lo llamaran “Higui, el Cazador de Rarezas”, y había mandado hacer a un sastre conocido de la ciudad, un traje color crema con sombrero, acorde a su nueva empresa. Durante sus viajes, encontró más criaturas extrañas, incluso algunas que ni los relatos que Rot leía ni incluso el mismo Rot había oído hablar. Algunas veces el niño quería acompañarlo, pero definitivamente era algo peligroso para él. “No, vos quedate acá, ensayá bien lo de la luna, y esperame tranquilito, gué, que yo sé lo que yo hago.” le decía Higui con la voz de un papá generoso mientras ponía una mueca imposible en su boca chueca y que Rot interpretaba como una sonrisa sutil.
Entre las muchas criaturas raras que Higui apresó también encontró a una niña sencilla, muy dulce y delicada llamada Sivnila Fellini, hija de Histri Fellini, el dueño de la compañía de automotores Metas-lag cuyos terrenos había cedido al circo. Sivnila se encontraba perdida en el bosque, y a Higui le cayó en gracia aunque la niña no fuera una cosa rara. Y si ocurre una vez, también puede ocurrir otra, el payaso secuestró a un pequeño aprendiz de mago joven y talentoso. “¡Un Circo sin mago noesuncirco! ¡Gué!”.
Un día después de una exitosa función, y cuando acababa de echar de su Compañía a un payaso local porque finalmente había descubierto que no poseía ningún don especial, pese a haber sido antiguamente el hazmerreír del hermano del Faraón, Higui salió a mirar las estrellas apenas iluminadas por la penumbra de la Madre Luna durmiendo. ¡Cómo disfrutaba de su vanaglorioso desempeño como Gran Director de Circo! Si lo viera ahora Chofo, el estúpido alcalde de Raycrock…
En ese momento, con la mirada todavía perdida en la Madre Luna, divisó algo que se acercaba lentamente desde el cielo. Primero lo observó sin demasiado interés (Higui tenía problemas para mantener la atención en algo), pero poco a poco su curiosidad fue creciendo en proporción a aquello que cada vez se iba acercando.
Sea lo que fuere, había caído silenciosamente en el baldío del circo, y esta imagen le recordó a los niños arrojados ya sin vida y amontonados en pilas que por allí yacían. No pudo evitar dibujar una sonrisa melancólica en su cara cruel.
Y aprisa fue el donoso payaso tras las huellas de lo acaído. Su instinto refinado le señalaba que aquello que había llegado como un regalo del cielo (literalmente) podría cambiar el rumbo de su empresa.

Las Aventuras de Pepe y Jack by Leandro Gueren, Esteban Quintana is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Argentina License.
Based on a work at lasaventurasdepepe.blogspot.com.
2 comentarios:
Hola Leandro,
Yo no he leído ningún capítulo de las Aventuras de Pepe y Jack... Cuando tenga más tiempo lo haré y ya comentaré.
He visto tu mensaje en el blog OB!Games. Mi recomendación es que no acabes algo con prisas, puedes participar con la Demo vieja y dejar el juego completo para la proxima edición (si tiene éxito y se repite).
Deww
Sí, es lo que haré. Debería sacrificar demasiado si quiero publicar lo nuevo en esta demo sólo por concursar. Lo que sí, publicaría la demo 2.0 con los errores, bugs, etc. corregidos y con los nuevos mapas.
Saludos!
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